“Esta batalla la vamos a ganar”, artículo del Jefe de servicio de Medicina Interna del Hospital Virgen del Rocío, Manuel Ollero
Por Escuela de Pacientes - 13:02
Estos días suenan tambores de guerra
por todas partes. Nuestra sociedad se ha alzado en armas para luchar contra el
virus. Hasta el ejército se viste de blanco, como la paloma de la paz, para
desinfectar los lugares públicos. Como en toda guerra la víctima es el pueblo y
los primeros en caer son los más frágiles.
Siempre he odiado las comparaciones
de la enfermedad con una batalla. Es un
símil muy arriesgado y en ocasiones incluso perverso. Cuando la batalla está
destinada a ser perdida, como ocurre en los pacientes con enfermedades
irreversibles, esta comparación indirectamente culpabiliza a quien sufre, ya
que convierte al enfermo en un perdedor que no ha luchado con suficiente ahínco.
Nada más alejado de la realidad. El objetivo de la medicina es darles años a
nuestros pacientes, llenar de vida esos años y llegado el momento conseguir
acompañar para dar una buena muerte. La muerte no siempre es una derrota.
Dicho esto, estoy en condiciones de
afirmar que en esta ocasión el símil belicista se ajusta bastante a la
realidad. No estamos frente a un proceso de enfermar que tenemos que afrontar,
sino a la invasión de un agente externo que va a trastocar la expectativa de
vida de muchas personas. Por eso, pese a que siempre he odiado los términos bélicos
en esta ocasión afirmo que “Esta batalla la vamos a ganar”. El precio que
paguemos como individuos y como sociedad dependerá de cómo afrontemos este
reto.
No podemos
dejarnos arrastrar por el miedo. Con frecuencia el miedo hace mucho más daño
que el afrontamiento de la realidad. Estamos acostumbrados a ocultar nuestros
miedos y a ocultarlos con capas sucesivas de maquillaje que nos alejan de la realidad.
Los miedos ocultos se convierten en fantasmas que se amplifican y consiguen
aterrorizarnos. La mejor manera de
afrontar esos terrores es mirar a los ojos al monstruo. Incluso en las
circunstancias más adversar, hay personas que tienen la entereza de mirar a los
ojos a lo que más tememos. En cuidados
paliativos lo vemos mucho. Ocultar nuestros miedos y trasladarlo al terreno de
lo inaccesible es la mejor manera de sufrir en solitario.
A diario,
muchos de mis pacientes me dan un ejemplo de valentía y entereza. Cuando comparten
sus emociones me trasmiten que no es la enfermedad o la muerte lo que más temen.
Sobre todo, temen que sufran sus seres queridos. La mayoría de las veces,
cuando se comparte con los seres queridos, el miedo se transforma en cariño y
la guerra en paz.
Los
ejércitos se crecen aterrorizando al enemigo con múltiples estrategias, desde
canciones de guerra a maquillajes agresivos. Se presentan, así como invencibles. En esta ocasión sabemos que el enemigo tiene
sus debilidades. No debemos engañarnos, pero es bueno que conozcamos que a
pesar de todo hay algunas buenas noticias.
Tenemos que saber que el 80% de los
pacientes que son infectados se curan en su domicilio. Tenemos que tomar
conciencia de que la mayoría de los mayores también se curan. Vemos como
ingresan los pacientes en los hospitales aterrorizados al saber que tienen la
infección, olvidando que la gran mayoría de las personas que ingresan serán
dados de alta, incluso la mayoría de los enfermos mayores de 80 años se curarán.
En España tenemos un gran Sistema
Sanitario y en Andalucía no nos ha cogido por sorpresa. Llevamos años
preparándonos para esto y tenemos que confiar en un Sistema Sanitario Público
que sabrá estar a la altura de las necesidades de nuestra población.
Todo en la vida tiene un riesgo, pero
si seguimos las recomendaciones de las autoridades y permanecemos en casa
reduciendo los contactos, minimizamos el peligro. Sabemos que, lavándonos bien
las manos, manteniendo la distancia de seguridad de uno a dos metros y
desinfectando, con agua y un tapón de lejía, los objetos matamos el virus.
En esta batalla hay algo esencial.
Cuidandonos contribuimos a parar la epidemia y a minimizar los daños. Durante
estos días todos los medios de comunicación nos insisten en la importancia de
una dieta sana y el ejercicio físico, pero se insiste poco en tres aspectos que
pienso que son tan importantes o más que la dieta y el ejercicio físico.
El primero de ellos es la importancia
de socializar. Tenemos que aprovechar estos días para buscar nuevas vías para
comunicarnos. Todo lo que sea comunicar con nuestros seres queridos y con
quienes nos rodea nos fortalece. Cada uno según sus posibilidades tiene que
mantenerse comunicado. Apechemos, ahora que tenemos tiempo, para aprender a utilizar las nuevas herramientas
de comunicación.
El segundo es que aquellos que sufren
una enfermedad crónica tomen conciencia
de que tenemos una magnífica oportunidad para fortalecernos aprendiendo a
manejar mejor nuestros problemas. El llamado confinamiento es una oportunidad
para convertirnos en pacientes activos.
El tercero y creo que más importante
es reforzar nuestra mirada interior. Los momentos difíciles son los mejores
para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida y compartirlo con los seres
queridos. Creo que estas fechas son un momento propicio para reflexionar y
escribir. Escribir esos recuerdos que no queremos que se pierdan, esos consejos
que siempre callamos y esos cuentos que ya no se cuentan. Invito a estimular la
actividad creativa. Cualquier actividad creativa ayuda a florar lo que llevamos
dentro y tiene un poder sanador para la persona y para la sociedad. Creemos
algo y compartámoslo. Cuando pienso cómo podría ayudar a mis pacientes en estos
momentos les aconsejaría afrontar sus miedos con la actitud de esos pacientes
con enfermedades crónicas avanzadas que han sabido afrontar la adversidad
mirando en su interior. Podemos hacer mucho para vencer a la epidemia. Los
sacrificios van a ser muy importantes. Hay muchas personas que podrán morir por el
coronavirus y otras muchas con el coronavirus. El valor de una sola vida es
incalculable, pero no nos podemos dejar aterrorizar, porque el miedo nos
paralizará. En estos momentos difíciles
hay quienes continuamente buscan culpables y cultivan el odio. El miedo y el
odio caminan juntos, unámosno a quienes siembran un futuro de esperanza. Recordemos
ese viejo proverbio que decía que no hay nada mejor para recuperar el ánimo,
que animar a los demás.











