Mi experiencia personal en el papel de la Guía 15 días para el bienestar emocional, por @NOEMIMATEOS

Por Escuela de Pacientes - 2:36

Durante muchos años me hacía una y otra vez la misma pregunta: ¿para qué tanto
sufrimiento?, ahora lo veo más claro que nunca: para aprender de el y ayudar a que
otras muchas personas no sufran.


Pienso que a veces no llegamos a entender por qué nos pasan las cosas pero
siempre podemos llegar a descubrir su para qué, es decir, su significado y utilidad en
forma de aprendizaje para la vida.

En este caso escribo sobre el miedo no como psicóloga, sino como ser humano,
como persona que ha experimentado en su propia piel una enfermedad que tuvo
que aprender a afrontar y a gestionar para poder curarse: hablo de un trastorno de
ansiedad.
 
Cuando no sabemos manejar el miedo que experimentamos ante una situación
dolorosa (en mi caso fue el fallecimiento de mi padre en un repentino accidente de
tráfico), y lo que hacemos es negarlo no queriendo sentirlo, haciéndonos los fuertes,
evitándolo con conductas que después acaban causándonos más dolor, podemos
llegar a caer en una enfermedad que incapacite el desarrollo natural de nuestra
vida, que nos mantenga encerrados en casa por miedo a sufrir más ataques de
ansiedad, sintiendo miedo a morir, paralizando tu actividad cotidiana; y en definitiva,
robándote la vida.
 
En mi caso, comenzó por ataques de ansiedad, alternados con estados depresivos;
así hasta que un día no pude más y pedí ayuda. La terapia cognitivo conductual
para mi fue la clave, me ayudó a darme cuenta de lo que me estaba pasando y
pude comprobar por mi misma que era mi forma de pensar la que estaba creando
todo mi malestar.
 
Si, tuve que comprometerme y hacer un esfuerzo por y para mi misma: ejercicios de
autoconocimiento, de relajación, respiración y durante un tiempo tomé medicación
para mantener controlada la sintomatología y poder hacer la terapia
correctamente. Todo esto controlado por un médico y una psicóloga, por supuesto,
profesionales. La presencia amorosa de mi madre, que estuvo al pie del cañón
durante todo este tiempo, fue indispensable para la recuperación, así como la de mis
amigas que me llevaban los apuntes de clase a casa y venían a visitarme
sacándome alguna que otra sonrisa. ¡Quiero agradeceros a todos vuestra ayuda!
 
El primer ataque de ansiedad sucedió en septiembre de 1998 (un año después del
hecho que os he comentado). Fijáos la cantidad de tiempo que pasé negando el
miedo y haciéndome “la fuerte”.

  • Compartir:

Podría Interesarte

0 comentarios